Durante muchos años aborrecí el cocinar, es una carga y obligación con la que tenía que lidiar desde la infancia, la cocina y la comida las veía con recelo, me frustraba mucho el hacerlo mal y recibir los regaños de todos en casa, me distraigo con todo así que era muy fácil olvidarme de hacer algo e incluso de apagar la estufa, por el contrario en casa del abuelo mis mejores recuerdos huelen a leña y miel de la cocina, los noviembres con todos preparando el pib los atesoro, la vida no era tan complicada y no me enojaba que me dijeran que limpiara las hojas. Aun ahora siento que la cocina es algo que no quiero hacer, no quiero cocinar nunca, por que hay en mi el pensamiento de obligación por hacer las cosas, es recurrente este sentir. Hoy es un día muy malo después de mucho tiempo tratando de recuperar la tranquilidad y a mi misma, pase de sentirme cómoda con mis decisiones a sentirme mal conmigo; es el peor sentimiento que puede tenerse, no soportarte , hartarte de ti. Si bien hace poco menos de un año no tenia las herramientas que ahora tengo, es cierto que sigo en un punto vulnerable y reconocerme como tal me pesa mucho. Durante años mi mecanismo de defensa fue aguantarme todo, ocultarme del mundo en sonrisas falsas, ahora que voy tratando de hacer las cosas bien siento que no importa cuanto me esfuerce por que al final termino arruinando todo. Así como arruino la comida por andar distrayéndome con el mundo, en un arranque de inseguridades tire todo lo que había avanzado a la basura, la ansiedad se hizo presente como hace un año no lo hacia, me revuelve el estomago el recordar que volví al punto de partida, me siento muy frustrada, como cuando olvidaba algún ingrediente y sabia que de nuevo volví a hacer algo mal, aquí me encuentro de nuevo abrazando a mamá mientras lloro desconsoladamente como una niña asustada de si misma, muy vulnerable y sola. Mamá no sabe que mi corazón esta roto y que mis traumas están latentes llenando los espacios vacíos con ansiedades que me llevan al colapso, como una bola de nieve. Siento que nadie tiene que soportar mis traumas cuando ni yo los aguanto y me frustran mucho. Hoy la casa huele a cebolla y pimienta, por que me reconcilie un poco con la cocina, hice el almuerzo para papá y mamá y me sentí bien con ello, me sentí apapachada por la carne molida cociéndose y desprendiendo los aromas de las especias mientras el tomate liberaba su jugo y pintaba suavemente la carne. Mis manos huelen a cebolla y son abrazos a mi corazón roto por mi misma.
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