¿Recuerdas todas esas noches después de la escuela que pasabas en la puerta de mi casa? Hablábamos mil tonterías que ya ni recuerdo, se que tú si, tu recuerdas detalles que yo obvie tanto que los dejé pasar y eso me enoja más. Somos tan distintos, tan abismalmente diferentes y tan parecidos que el orgullo, el mal genio y las palabras directas nos acercan. Aprendí a amar esa música de borrachos, esas letras cursis que te encantan, esas que cantas con sentimiento. Entonces te extrañé más, extrañe tu vulnerabilidad fugaz, tu forma de esconderte del mundo, huir de ti mismo y hasta tu alcoholismo. Voy pa' delante, esperando un día de nuevo volver a nuestra amistad, en dónde ese niño solo, asustado y vulnerable me mira a los ojos y dice estupideces y que abrió las puertas de una parte de el que creí nunca ver. Eres un imbécil y siempre lo serás. Aún así, te quiero. Ese rincón de Cordemex dónde se me permitía ser yo, a pesar de que me juzgabas, pero me dejabas ser yo misma; siempre lo atesorare.
No eres lo mejor que me ha pasado en la vida, distas mucho de ser la perfección, sueles sacarme de mis casillas y a veces quisiera abofetearte para que dejes de ser un señor gruñón que parece viejito conservador. Somos tan distintos y hemos vivido tanto juntos que no quería irme, aunque está claro que nuestros caminos no son iguales, siempre está será la mejor decisión, la de decirte adiós.
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